EL ARTE CONTEMPORANEO A LA DERIVA

MACBA 28 3 2026
OBERTURA
La deriva como método. Antes de que existiera la obra, existió una intuición: que el arte contemporáneo, en su afán de legitimarse sin descanso, ha perdido el rumbo. No lo digo en sentido metafórico y vago, sino en el sentido más literal y más útil de la expresión: a la deriva, como un cuerpo que el mar empuja sin dejarle escoger destino.
De esa intuición nace, antes que una estética, un método, y ese método tiene nombre y genealogía: la dérive que Guy Debord y los situacionistas describieron en 1956 como una «técnica del paso ininterrumpido a través de ambientes diversos», un desplazamiento que no busca llegar a ningún lugar sino dejarse conducir por lo que el territorio ofrece —sus pendientes psicogeográficas, sus corrientes, sus llamadas—. Para Debord, derivar no era pasear ni perderse por gusto romántico: era un procedimiento de conocimiento, una manera de leer la ciudad, o el paisaje, o el campo del arte, a contrapelo de sus rutas señalizadas.
Nada de lo que sigue fue planeado con anterioridad a su aparición. Todo, sin embargo, responde a una lógica que sólo se revela mirando hacia atrás: la lógica del rizoma, que Deleuze y Guattari opusieron al árbol jerárquico y programático —un sistema sin centro que crece por conexión, por contagio, por vecindad—, y que aquí se manifiesta en la manera en que un objeto abandonado en un proyecto anterior reaparece, meses después, en un campo o en una galería, para significar otra cosa sin dejar de ser, del todo, el mismo. Este libro se organiza en actos, no en capítulos, porque lo que se narra no es una tesis sino una performance expandida en el tiempo: una obra que no cabe en una sala ni en una tarde, sino que necesitó casi tres años, cinco ciudades y pueblos, y la paciencia de dejar que las cosas —los objetos, las instituciones, el azar— hicieran su parte.

14 10 2023
ACTO I EMPORION
Platja d'Empúries, L'Escala · octubre de 2023
El nombre castellanizado de la playa donde ocurre este primer acto es Ampurias; su nombre catalán, Empúries; su nombre original, griego, Emporion — «mercado», «puesto de comercio». Los primeros colonos que desembarcaron en esta costa hace dos mil seiscientos años le dieron a su asentamiento el nombre de la actividad que venían a practicar: intercambiar, tasar, vender.
Que la performance fundacional de una obra sobre el mercado del arte ocurra exactamente en el lugar que la historia bautizó como «mercado» no es un hallazgo que yo haya buscado; es el tipo de coincidencia que la deriva situacionista da por buena, y que aquí adopto como título de todo el acto.
La acción tiene, de hecho, dos versiones: una primera el 14 de octubre de 2023 y una segunda, definitiva, el 28 de octubre, durante una estancia junto a la artista Rosa de Gabriela en L'Escala. En ambas planto en la arena el mismo estandarte: la calavera de plástico, coronada por la gorra del MACBA, alzada sobre un palo de unos setenta centímetros. A su alrededor, bajo la arena, permanecen enterrados los esqueletos: no son restos que aparecerán más tarde, sino una presencia oculta desde el primer fotograma, un público subterráneo que todavía no sabe que va a resucitar. Entro en el plano bajo la sábana blanca —silueta sin rostro, encarnación de la creatividad— y avanzo hasta engullir el estandarte por completo.
Es importante precisar un detalle que cambia el sentido de toda la escena: en ese instante la gorra todavía tapa la calavera. No se ve. La institución, devorada, permanece cerrada sobre sí misma, un bulto blanco sin rasgos bajo la tela. El gesto decisivo llega después, y es doble. Al desplazarme hacia el mar, hago dos cosas a la vez: me pongo yo mismo la gorra —dejando por fin la calavera al descubierto, destapada— y en ese mismo movimiento desentierro a los esqueletos, sacándolos a la luz. No es una imagen de ruinas que quedan atrás, un paisaje pasivo de restos; es una acción deliberada y simultánea. Apropiarme del símbolo institucional y revelar lo que estaba oculto ocurren en el mismo gesto, con las mismas manos.
No hay inocencia en ese instante: el mismo cuerpo que resucita a los artistas enterrados es el que se ciñe el emblema del museo. La crítica institucional, aquí, no se hace desde fuera y con las manos limpias; se hace calzándose la institución y cargando, al mismo tiempo, con sus muertos. Ya con la gorra puesta, la sábana avanza hacia la inmensidad del mar — metáfora del universo— y se funde con el oleaje, generando formas volumétricas que leo como tendencias: nuevas obras que sostienen provisionalmente al arte contemporáneo, repitiendo combinaciones mínimas desde tiempos inmemoriales.
El acto entero se cierra con una imagen fija, casi un epitafio: una hoja de papel, medio enterrada en la arena, con la leyenda que da título a todo el proyecto. El mar no se lleva el nombre de la obra; lo entierra, a medias, para que alguien lo desentierre después, igual que yo desentierro a los esqueletos. Documentan la acción Rosa de Gabriela, con una cámara réflex y carrete en blanco y negro que ella misma revela a mano, y yo en vídeo. Conviene, en este punto, precisar lo que la deriva no es. No es el extravío romántico de quien se pierde por placer estético, ni la pose del artista que confunde azar con pereza.
Es, en la formulación situacionista, un proceso de recopilación de informaciones y sensaciones que ayuda a comprender el espacio en el que uno está, provisionalmente, perdido. Cada desplazamiento por la Platja d'Empúries captura datos —objetos que se encuentran, gestos que se repiten — que se traducen en disposición tridimensional sobre el territorio. La deriva, aquí, no es método de fuga: es método de lectura, aplicado, para empezar, sobre el propio Emporion
13 11 2023
ACTO II UNA OBRA DE ARTE CONCEPTUAL
La Torre de Riudellots Riudellots de la Selva, Girona · 18-22 de diciembre de 2023 18 y 19 de diciembre de 2023.
Cambio los neumáticos de mi furgoneta, la Arcadia de Damasco —nombre compuesto de dos referencias precisas: Arcadia, la nave estelar del Capitán Harlock, diseñada por su amigo Tochiro Oyama como símbolo de libertad y utopía, de autonomía infinita e ilimitada gracias a su sistema de propulsión; Damasco, el acero homónimo, forjado mediante el plegado sucesivo de capas de metales distintos, para crear patrones únicos y una resistencia superior, técnica históricamente asociada a la fabricación de espadas y cuchillos—.
El mecánico me pregunta si quiero llevarme los neumáticos viejos o si prefiere reciclarlos él mismo. Antes de responder ya se me han venido encima varias ideas, y me los llevo sin saber todavía qué hacer con ellos: cortarlos por la mitad, quizás, y disponerlos en una sala, a modo de asientos, en círculo, en algún lugar abandonado.
Los traslado a Riudellots de la Selva, a casa de mi hermano Víctor, para almacenarlos y dejar que la idea tome forma con calma. Ese mismo se me ocurre disponerlos sobre la carretera de acceso a la masía: los cuatro neumáticos, y las ideas, empiezan a brotar. El 20 de diciembre los lanzo por la pequeña pendiente que baja hacia el campo, frente al porche de la casa: ruedan sin control, se dispersan al azar, van —literalmente— a la deriva. Hasta aquí, el material manda: la disposición final de los cuatro neumáticos no depende de mí sino de la pendiente, del peso, del azar del terreno.
El 21 de diciembre el gesto cambia de naturaleza. Ya no dejo que el terreno decida: apilo los neumáticos, uno encima de otro, de forma deliberada. Nace así la Torre de Riudellots —una escultura vertical construida, no encontrada —, y conviene ser preciso en este punto porque es fácil, y falso, leer esta pieza como un hallazgo pasivo en la línea del azar objetivo surrealista que gobernaba el hallazgo inicial en estos mismos campos.
Aquí el azar aporta solamente el material en bruto —los neumáticos que ruedan sin rumbo el día 20—; la forma, el apilamiento, la decisión de seguir sumando una rueda tras otra hasta que la pila se sostiene en pie, es un acto de construcción tan deliberado como el de Simon Rodia levantando, rueda a rueda de escombro, las Torres de Watts en un solar de Los Ángeles: un monumento vertical hecho de lo que la ciudad —o, en este caso, la furgoneta— desecha.
Sobre la Torre, ya en pie, monto de nuevo el estandarte: el palo con la sábana y la gorra puesta. Filmo cómo la Torre, al crecer con cada neumático nuevo, lo engulle por completo. Es la misma operación devoradora del Acto I, pero invertida en sujeto: en la playa devoraba la sábana —la creatividad—; en el campo devora la Torre —la materia industrial, repetida, desechada—, que se traga al símbolo institucional con la misma indiferencia con que una cadena de montaje repite un modelo. Si en Emporion la crítica era casi artesanal, cuerpo contra objeto, aquí es la lógica serial la que sepulta al símbolo: una imagen elocuente de un sistema del arte que a menudo entierra la singularidad de la obra bajo la repetición de formatos, ferias y tendencias.
El 22 de diciembre, ya con sol directo, dejo rodar un último neumático que colisiona con la Torre en pie, generando una composición nueva e imprevista que no había planeado y que decido conservar tal cual queda: el azar, expulsado el día 21 en favor de la construcción deliberada, reclama su lugar en el desenlace. Land art y arte povera se dan la mano en este gesto —el paisaje como archivo, en la tradición de Robert Smithson, que tampoco dejó que su Spiral Jetty apareciera sola, sino que la construyó, con maquinaria, sobre un terreno que después la entropía del Gran Lago Salado se encargaría de transformar—.
Riudellots de la Selva se confirma, a partir de este acto, como el segundo polo de la obra: el reverso rural de la institución urbana representada por el MACBA. Si Emporion terminaba en el mar, disolviendo el arte y la especie humana en la inmensidad de lo universal, la Torre de Riudellots empieza a construir, desde la tierra y con las manos, el vocabulario de objetos — neumáticos, sábanas, calavera— que reaparecerá, transformado, en cada uno de los actos siguientes: en Barcelona, en las galerías, en el museo donde todo empezó








































































































